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LA CIUDAD EN MOVIMIENTO
viernes, mayo 03, 2002:
díasquepasanydejanhuella
1. Sentado, leyendo el "Rollercoaster" (read it en acamonchi.com) para gente ultra optimista
y que sin querer, marca la distancia entre la gente que alguna vez te rodeo y a lo que hoy
te enfrentas. ¿Cómo demonios estás aquí sentado leyendo un texto sobre el desencanto
y las vueltas peligrosas de un camino llamado vida? No lo sabes, todavía traes el aroma a
fiesta, la resaca de la marcha, la sonrisa de que por algunos momentos todo parece ir
bien. Y sí, estás aquí sentado, leyendo en la Primera Feria del Libro Católico en una mesa
intitulada ¨Los Escritores Jovenes en Baja California". Tú, internamente, como aquella canción
de La Mode, ¨no paras de reír¨. Las cosas son así de raras. A veces.
2. En la calle, camino al trabajo. Un par de policías, de esos que andan por la city en bicicleta,
cachean a un sujeto. De lejos, estás en la calle de enfrente, lo alcanzas a distinguir: joven, unos 23
años, de chinos color caqui, chamarra deportiva Ralph Lauren, zapatos negros, bigote y pelo corto.
De espaldas, las manos arriba, las piernas abiertas. El sabe que alguien lo está viendo, se puede
percibir la verguenza que le ocasiona el registro: le revisan los bolsillos traseros del pantalón, las
costuras de la bastilla, el espacio entre el cinturón, abajo de la camisa, el gorro de la chamarra,
entre los calcetines...
Sigues caminando, pasas al lado de tres hombres que esperan que abran su lugar de trabajo. De pinta
oficinista, se puede percibir en su rostro cierto enojo. ¡Hijos de puta! es lo que escuchas casi al momento
de dejarlos atrás. ¡Hijos de puta! es lo que parece decir el sujeto registrado, que tras zafarse del par de
policías, mira el reloj y echa a correr.
Corre, con los puños cerrados y la cabeza baja. ¡Hijos de puta!, te imaginas que dice.
¡Hijos de puta!
3. Lo que sorprende no es que duelan tanto ciertas cosas, si no lo fácil que dejamos de
añorarlas cuando nos damos cuenta que perdimos el interés en ellas.
4. Café y una empanada de crema sirven para acompañar el café de la tarde. Es algo
habitual sentarse a leer el periódico mientras dejas que el tiempo pase. Lo que lees
te hace esbozar una ligera sonrisa. Alguien se refiere a ti en una entrevista explicando que
a su juicio ese que eres tú "escribe de manera muy intensa, divertida y completamente
original. Es el mejor de nuestra generación¨. Le das un sorbo al café y sí, lo sabes,
la empanada calmará el hambre y las ansias unas cuantas horas.
5. Te invitan a dar una conferencia acerca de El Lenguaje de Tijuana. Tú sin saber porque
aceptas; luego dirás "es que no puedo decir que no", "estaba drunkie",
"a lo mejor is funny". Preguntas y te preguntas: ¿existe un lenguaje típico o característico
de Tijuana? Y al momento de hacerlo, ya sabes la respuesta: No hay una sola manera
de decir las cosas.
Desde esa perspectiva armas tu propuesta. El lenguaje de Tijuana es teenager, quiere
estar siempre a la última, ser cool; es rebelde y transgresor; es una mezcla de estilos y
épocas; no es estático, hace un 360 sobre las reglas y se desliza en la euforia del slang;
no se corta en intentos kamikaze ni siquiera le preocupa la mala imagen que iguala el
espanglish con la campaña permanente pro destrucción del lenguaje.
Medio lees, medio comentas, pones ejemplos, dices repetidamente ¨no sé¨ aunque sepas
que si de algo estás seguro es de eso; contestas las dudas y los cuestionamientos con,
lo que parecen, buenos argumentos. El lenguaje, pues, te ha salvado. Again.
rafa //
viernes, mayo 03, 2002
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